Aún es de noche en Caracas (2025): the interrupted grief [ENG|ESP]

Ever since I knew this film was in production, I've been eager to see it, and a few weeks later I read the book it's based on. Yes, I'm Venezuelan, and I'm very interested when art—film, literature, music—is used as a means to share with others a reality that surpasses fiction, both for better and for worse. Today, every country in the region has felt the impact of the massive Venezuelan migration, but how many of you from other countries truly understand the reasons behind it? This film helps explain that.
Desde que supe que esta película estaba en producción tuve ganas de verla y pocas semanas después me leí el libro en el cual se basa. Sí, soy venezolano y me interesa mucho cuando el arte, cine, literatura, música, es empleado como un medio para compartir con los demás una realidad que supera la ficción en lo bueno y en lo malo. Hoy día todos los países de la región han sentido el impacto de la masiva migración venezolana, pero ¿cuántos de ustedes que son de otros países realmente comprenden las razones que lo provocaron? Esta película ayuda a explicar eso.
The first thing to say is that this is a work of fiction. However, the most shocking and painful aspect of the events depicted in Aún es de noche en Caracas (It Would Be Night in Caracas) is that it's a story that could easily have happened. Moreover, I'm certain that everything that happens to the protagonist also happened to thousands of Venezuelans, perhaps not all at once, but certainly with the same devastating force. The film, written and directed by Venezuelan Mariana Rondón and Peruvian Marité Ugás, is based on the novel La hija de la española by Venezuelan writer Karina Sainz Borgo and is set in what was perhaps the worst year of the Venezuelan crisis, 2017. The film follows the life of Adelaida (Natalia Reyes), a woman whose story begins with the death of her mother. She hasn't even finished processing her mother's absence when she's already facing a myriad of adverse situations that make up the new Venezuelan reality. In a society that functions somewhat normally, after the death of a loved one, a person arranges the funeral and burial and reunites with their family. Adelaida can't do that. There's no gasoline in the country for her relatives to come from Ocumare, and after burying her mother alone, one of the cemetery caretakers advises her not to stay too long because the final resting place has become dangerous—a fact Adelaida confirms in a scene as grotesque as it is real, reflecting the reality seen in Venezuelan cemeteries in recent years.
Lo primero que hay que decir es que se trata de una historia de ficción. Sin embargo, lo más impactante y doloroso de las cosas que se cuentan en Aún es de noche en Caracas (It Would Be Night in Caracas) es que es una historia que fácilmente podría haber ocurrido. Es más, estoy seguro que todas estas cosas que le suceden a la protagonista le pasaron también a miles de venezolanos, quizás no todas a la vez, pero sí con la misma fuerza demoledora. La cinta, escrita y dirigida por la venezolana Mariana Rondón y la peruana Marité Ugás se basa en la novela "La hija de la española" de la escritora venezolana Karina Sainz Borgo y se ambienta en el que fue tal vez el peor año de la crisis venezolana, 2017. En la película seguimos la vida de Adelaida (Natalia Reyes) una mujer que arranca la historia con la muerte de su madre, cuya ausencia no ha terminado de procesar cuando ya se debe enfrentar a un sinfín de situaciones adversas que conforman la nueva realidad venezolana. En una sociedad que funcione medianamente normal, tras la muerte de un ser querido una persona gestiona el funeral, el entierro y se reúne con sus familiares. Adelaida no puede hacer eso. No hay gasolina en el país para que sus familiares vengan desde Ocumare y después de enterrar, sola, a su madre, uno de los cuidadores del cementerio le aconseja no quedarse mucho tiempo porque el lugar del descanso eterno de las almas se ha convertido en un lugar peligroso, cosa que Adelaida confirma en una escena tan grotesca como real que se ha visto en los últimos años en los camposantos venezolanos.

Venezuela is collapsing; the few remaining pieces of the country are being pulverized by the climate of violence in the streets, the impunity of the police forces who abuse their power, the scarcity of food and medicine, the black market, the corruption... It's 2017, the year of marches against the government, of repression with firearms by the Bolivarian National Guard, of the hundreds murdered by the regime simply for thinking differently and dreaming of a better country. And then, one ordinary day, Adelaida returns home and cannot enter: supporters of the ruling party have invaded her house. Adelaida is expelled from her own home, from the house of her recently deceased mother.
Venezuela se derrumba, los pocos pedazos que quedan del país son pulverizados por el clima de violencia en las calles, la impunidad de las fuerzas policiales que abusan de su poder, la escasez de alimentos y medicinas, el mercado negro, la corrupción... es el 2017 de las marchas en contra del gobierno, de las represiones con armas de fuego por parte de la Guardia Nacional Bolivariana, de los cientos de asesinados a manos del régimen sólo por pensar distinto y soñar con un mejor país. Y entonces, un día cualquiera, Adelaida vuelve a casa y no puede entrar: personas adeptas al partido de gobierno han invadido su casa. Adelaida es expulsada de su propio hogar, de la casa de su madre, recientemente fallecida.
Thus begins It Would Be Night in Caracas, a work of fiction woven from fragments of reality. Like Victor Frankenstein assembling a living creature from the scraps of human corpses, the directors and screenwriters have constructed a poignant, albeit fictional, story from the most despicable fragments of our harsh reality. For non-Venezuelans, some of the events in the film will seem like a nightmare, things inconceivable in the 21st century, and events that will deeply disturb them. For Venezuelans like me, the feeling will be one of defeat: how could we have become accustomed to this? How have we been able to endure and continue enduring so much frustration, so much injustice, so much violence, and so much abuse? Like Adelaida, we Venezuelans are living through a grief that was interrupted and, therefore, we still carry within us. We haven't been able to finish mourning the country that was stolen from us, the country from which we were expelled, because we have had to swallow our tears and move forward in foreign lands that, in many cases, have received us with contempt, without taking a moment to understand why more than eight million of us are scattered around the world. Like the recent film Simón and books such as Atrás queda la tierra by Arianna de Sousa-García, La hija de la española, and Aún es de noche en Caracas, these works show the world the reality of the Venezuelan drama of the last twenty-five years.
Así comienza Aún es de noche en Caracas, una ficción conformada con trozos de realidad. Como Victor Frankenstein armó una criatura viva de los retazos de cadáveres humanos, las directoras y guionistas han construido una conmovedora historia falsa con los fragmentos más despreciables de nuestra dura realidad. Para los no venezolanos, algunas de las cosas que suceden en la cinta les parecerán una pesadilla, cosas imposibles de concebir en el siglo XXI y hechos que los removerán desde el interior. Para los venezolanos como yo, la sensación será de derrota: ¿cómo pudimos acostumbrarnos a esto? ¿cómo hemos sido capaces de soportar y seguir soportando tanta frustración, tanta injusticia, tanta violencia y tanto abuso? Como Adelaida, los venezolanos vivimos un duelo que fue interrumpido y que, por tanto, aún llevamos dentro de nosotros. No hemos podido terminar de llorar por el país que nos robaron, el país del cual nos expulsaron, porque hemos tenido que tragarnos las lágrimas y salir adelante en tierras ajenas que, en muchos casos, nos han recibido con desprecio, sin tomarse un momento para comprender por qué más de ocho millones estamos esparcidos por el mundo. Como la película reciente Simón y libros como Atrás queda la tierra de Arianna de Sousa-García, La hija de la española y Aún es de noche en Caracas vienen a mostrar al mundo la realidad del drama venezolano de los últimos veinticinco años.

This film is a Mexican-Venezuelan co-production that has featured Venezuelan actor Edgar Ramírez (Carlos, Point Break, Joy, Deliver Us From Evil) on promotional tours. While Edgar has a small role in the film, his involvement stems from his participation as a producer, driven by a desire to share this story with the world. His recognition in Hollywood and film circles has undoubtedly helped generate interest in the film at various festivals and in countries around the globe.
Esta película es una co-producción México-Venezuela que ha contado con la presencia del actor venezolano Edgar Ramírez (Carlos, Point Break, Joy, Deliver Us From Evil) en las giras promocionales y si bien Edgar tiene un pequeño papel en la película, la razón de su presencia es que participó en ella como productor porque sintió la necesidad de compartir esta historia con el mundo y, hay que decirlo, su reconocimiento en Hollywood y en los círculos de cine ha ayudado a que esta película despierte interés en diferentes festivales y países alrededor del mundo.
But, it must also be said, It Would Be Night in Caracas is a film with a distinctly feminine DNA. Venezuela has a woman's name, just like Caracas. Colombian actress Natalia Reyes, as Adelaida, is the central figure in this heartbreaking story written by Karina Sainz Borgo, another woman. And of course, there's the duo of directors and screenwriters who have worked together before as writers, editors, or producers for each other on films like Postales de Leningrado, the memorable Pelo malo, El chico que miente, and the recent Zafari. It Would Be Night in Caracas is a necessary film. In Latin America, the work of preserving memory and recovering archives from our darkest periods, such as the dictatorships of Pinochet and Videla, or the violence in Colombia in the mid-20th century, is highly valued. How much more important, then, is it to tell the stories of the abuses of this so-called revolution now, before they manage to cover them up or erase them from history books? "Without forgiveness there is no forgetting," some say, but without memory there is no justice. We must know. We must remember. We must tell our story and condemn those responsible for the destruction of a society and a country, and art is a powerful tool for this task of dissemination. How many of you have heard of this film? How many of you have seen it? I'll read your comments.
Pero, también hay que decirlo, Aún es de noche en Caracas es una película con ADN femenino. Venezuela tiene nombre de mujer, al igual que Caracas. La colombiana Natalia Reyes como Adelaida es el eje central de esta desgarradora historia escrita por Karina Sainz Borgo, otra mujer. Y por supuesto, la dupla de directoras y guionistas que han trabajado juntas antes como guionistas, montajistas o productoras la una de la otra en cintas como Postales de Leningrado, la recordada Pelo malo, El chico que miente o la reciente Zafari. Aún es de noche en Caracas es una película necesaria. En América Latina se valora mucho la labor de memoria y de recuperación de archivos de nuestras épocas más oscuras como la dictadura de Pinochet, Videla o de la violencia en Colombia a mediados del siglo pasado. Cuánto más importante no es entonces contar las historias de los abusos de esta mal llamada revolución ahora, antes de que logren cubrirlos o desaparecerlos de los libros de historia. Sin perdón no hay olvido, dicen algunos, pero sin memoria no hay justicia. Hay que saber. Hay que recordar. Hay que contar nuestra historia y condenar a los responsables de la destrucción de una sociedad y un país y el arte es una poderosa herramienta para esa tarea de difusión, ¿cuántos de ustedes han oído hablar de esta película? ¿cuántos de ustedes la han visto? Los leo en los comentarios.
Reviewed by | Reseñado por @cristiancaicedo
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