Otra vez El viaje de Chihiro: lo que noté al releerla

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Otra vez El viaje de Chihiro: lo que noté al releerla

Foto: Tima Miroshnichenko / Pexels (CC0)

Una de esas tardes en que no sabés qué ver, y el algoritmo te tira El viaje de Chihiro como si te conociera de toda la vida. Le di play sin muchas expectativas.

Buscando un poco de contexto antes de escribir esto, encontré que El viaje de Chihiro (千と千尋の神隠し, Sen to Chihiro no Kamikakushi?, lit. El rapto espiritual de Sen y Chihiro.)​ es una película de animación japonesa estrenada el 20 de julio de 2001. Fue dirigida por Hayao Miyazaki y producida en el Studio Ghibli, por Tokuma Shoten, Nippon Television Network, Dentsu, Buena Vista Home Entertainment, Tohokushinsha Film, Mitsubishi y distribuida por Tōhō. El elenco principal está compuesto por Rumi Hiiragi, Miyu Irino, Mari Natsuki, Takeshi Naitō, Yasuko Sawaguchi, Tsunehiko Kamijō, Takehiko Ono y Bunta Sugawara. Ese detalle de la historia real le da otra capa a la película, porque ya no es solo ficción: hay cosas que efectivamente pasaron.

Un dato curioso que encontré: es la única película de anime en ganar el Oscar a mejor película animada. Pequeñas cosas así hacen que después de ver la película te quedes investigando, y eso para mí es señal de que valió la pena el rato.

El viaje de Chihiro es una película de animación del 2001, dirigida por Hayao Miyazaki. El título original es Sen to Chihiro no Kamikakushi. La primera vez que la ves, lo que más llama la atención es la atmósfera: la forma en que está filmada te mete dentro de la historia casi sin darte cuenta.

Hay una escena que me marcó particularmente. No te voy a spoilear, pero digamos que es el momento en que el personaje principal tiene que tomar una decisión y sabés que ya nada va a ser igual. Ese tipo de escenas son las que hacen que una película quede grabada, porque te obligan a pensar qué harías vos en esa situación.

La actuación acá no es decorativa: sostiene la película entera. Hayao Miyazaki sabe sacarle provecho a cada momento, y hay gestos, silencios y miradas que dicen más que cualquier diálogo. Es de esas películas donde notás que cada actor entendió perfectamente a su personaje, y eso se transmite directo al espectador.

El ritmo me gustó también. No tiene esa prisa de las películas actuales que te cortan cada tres minutos con un efecto o un plot twist. Acá la historia respira, se toma su tiempo, y cuando llega el momento clave, el impacto es mucho mayor porque te dejó llegar hasta ahí con calma. Esa paciencia narrativa es algo que cada vez se ve menos.

Lo que me llevo de El viaje de Chihiro no es tanto el argumento, sino la reflexión que deja. Hay películas de entretenimiento puro, y está bien, pero estas que te hacen pensar tienen un valor distinto. La forma en que Hayao Miyazaki cuenta la historia te muestra algo de la condición humana que difícilmente olvides.

Lo que más valoro de esta película es que no moraliza. Te muestra situaciones complicadas, decisiones grises, y confía en que el espectador saque sus propias conclusiones. Eso es difícil de lograr y Hayao Miyazaki lo hace con una naturalidad que no se ve seguido.

Ojalá la veas un día de esos en que tenés tiempo de verdad, porque merece ser vista con atención. Contame después si te pasó lo mismo que a mí.

@jennyburgos — Una película a la vez.



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