Por qué Whiplash sigue siendo tan buena

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No sé a vos, pero yo soy de esas personas que necesitan ver una película dos veces para captar todo. Con Whiplash me pasó exactamente eso.

Buscando un poco de contexto antes de escribir esto, encontré que Whiplash es un videojuego de plataformas de 2003 para PlayStation 2 y Xbox​donde una comadreja de cola larga llamada Spanx y un conejo llamado Redmond se encuentran encadenados el uno al otro y siguen sus aventuras mientras la pareja se esfuerza por encontrar una salida del almacén del corporación de pruebas de productos conocida como Genron, dirigida por el director ejecutivo que odia a los animales, Franklin D. Ese detalle de la historia real le da otra capa a la película, porque ya no es solo ficción: hay cosas que efectivamente pasaron.

Por qué Whiplash sigue siendo tan buena

Foto: Dülmen, Cinema-Center -- 2012 -- 3392 / Wikimedia Commons

Un dato curioso que encontré: los actores aprendieron a tocar batería de verdad; el final fue filmado en una sola toma de varios minutos. Pequeñas cosas así hacen que después de ver la película te quedes investigando, y eso para mí es señal de que valió la pena el rato.

Whiplash es una película de drama musical del 2014, dirigida por Damien Chazelle. La primera vez que la ves, lo que más llama la atención es la atmósfera: la forma en que está filmada te mete dentro de la historia casi sin darte cuenta.

Hay una escena que me marcó particularmente. No te voy a spoilear, pero digamos que es el momento en que el personaje principal tiene que tomar una decisión y sabés que ya nada va a ser igual. Ese tipo de escenas son las que hacen que una película quede grabada, porque te obligan a pensar qué harías vos en esa situación.

La actuación acá no es decorativa: sostiene la película entera. Damien Chazelle sabe sacarle provecho a cada momento, y hay gestos, silencios y miradas que dicen más que cualquier diálogo. Es de esas películas donde notás que cada actor entendió perfectamente a su personaje, y eso se transmite directo al espectador.

El ritmo me gustó también. No tiene esa prisa de las películas actuales que te cortan cada tres minutos con un efecto o un plot twist. Acá la historia respira, se toma su tiempo, y cuando llega el momento clave, el impacto es mucho mayor porque te dejó llegar hasta ahí con calma. Esa paciencia narrativa es algo que cada vez se ve menos.

Lo que me llevo de Whiplash no es tanto el argumento, sino la reflexión que deja. Hay películas de entretenimiento puro, y está bien, pero estas que te hacen pensar tienen un valor distinto. La forma en que Damien Chazelle cuenta la historia te muestra algo de la condición humana que difícilmente olvides.

Lo que más valoro de esta película es que no moraliza. Te muestra situaciones complicadas, decisiones grises, y confía en que el espectador saque sus propias conclusiones. Eso es difícil de lograr y Damien Chazelle lo hace con una naturalidad que no se ve seguido.

La dejé en mi lista de "para volver a ver" y creo que ahí se queda un buen tiempo. ¿A vos qué te pareció?

@jennyburgos — Cine y vida cotidiana.



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